viernes, 7 de noviembre de 2025

LA MASACRE DE BACALDÁ -FORMOSA-ARGENTINA

UN 18 DE OCTUBRE PERO DE 1917,HACE CIEN AÑOS (hoy 108 años)MIEMBROS DE LA FAMILIA COSENTINO ERAN MASACRADOS EN BACALDA,EN FORMOSA

Desde 1910,la familia Cosentino vivia en un lugar llamado Bacaldá,donde se dedicaban a la ganadería.estaban aproximadamente a unas ocho leguas de Laguna Blanca hacia el Este, al Oeste quedaba la Misión Tacaaglé.Eran dias de trabajo esforzado,de sacrificios,hasta el momento de la tragedia.Imaginemos la Formosa de antaño,la Formosa territoriana, de paisajes agrestes,del monte espeso poblado por animales silvestres,hubo un día ,hoy hace exactamente cien años,que enlutó a una familia que luchaba contra los rigores, que trabajaba en paz,en ese sitio llamado Bacaldá ,porque asi se llamaban espejos de agua ubicados en sus inmediaciones. El móvil del crimen,al que se refiere esta narración, eliminar a toda la familia Cosentino, fue instigado y organizado por un comerciante de Clorinda que contratando asesinos evitó el pago de una suma importante ,a Blas Cosentino,un pionero,que hoy recordamos.
ESE 18 DE OCTUBRE,LA TRAGEDIA

 A eso de la hora 8 del día 18 de octubre de 1.917 Víctor Florentino Cosentino de 14 años de edad carpía el patio de su casa sita en inmediaciones del estero Bacaldá, en el departamento Pilagá de la provincia de Formosa. En eso llegó su hermano Francisco,de 16 años, de regreso de su salida a recorrer el campo y le preguntó: -¿Con quien habla papá,preguntó refiriendose a Blas Cosentino, en la tranquera? Estoy escuchando voces desconocidas...
-Son cazadores que quieren comprar comida... Han carneado una vaquilla en el paso del estero, pero no quiero que papá se entere porque va a empezar a rezongar y esta gente tiene mal aspecto y están armados. Papá me mandó a que les lleve un queso y algunas galletas...

Dicho esto Francisco se alejó con los artículos solicitados por su padre, pero apenas instantes después oyó también los desesperados gritos de su hermano anunciando que habían baleado al padre y pidiéndole que busque armas para la defensa...

“- Por un instante quedé paralizado por la sorpresa... o por el miedo, o por ambos a la vez... Pero me repuse y entré al dormitorio en busca del Rémington y me encontré con mis hermanos Gerardo y Ricardo que también habían oído los disparos. Salí al patio y vi, a mi derecha, pasar corriendo a mi hermano –pistola en mano- perseguido por un desconocido que portaba una escopeta de grueso calibre y a mi izquierda otros dos, armados también, que corrían hacia el fondo de la casa... Uno de ellos disparó contra mi madre, Juana Cantero,que había salido a ver que pasaba. 

La pobre alcanzó a gritar ‘¡No maten a mi hijo!’ mientras de su cuello brotaba un chorro de sangre como no había visto en mi vida. Dio unos pocos pasos vacilantes... ¡y cayó muerta!    
Yo también disparé. Debo haberle acertado a uno en una pierna porque lo vi correr renqueando

Me quedé sin balas por lo que corrí al dormitorio en busca de armas y proyectiles y me encontré con mis hermanos menores.
Traté de calmarlos y los escondí debajo de un catre cubriéndolos, además, con un colchón. Volví a salir con otra carabina y más balas y vi al otro hombre que, cuerpo a tierra, me apuntaba con su fusil. Entonces le apunté y tiré... Creo que lo maté, porque movió la cabeza hacia un lado y quedó quieto...

Después me tiroteé con otros dos... Parece que no les acerté, pero ellos a mi tampoco. Me escondí en la pieza y miré por una rendija... Ya no vi a nadie. Esperé como una hora y...nada... Solo un silencio sobrecogedor.

Entonces salí, ensillé dos caballos: uno para Gerardo y otro para mi y Ricardo y galopamos hasta lo de don Alfredo Chirc que vivía a una legua y media de casa ...

(En el libro" La Tragedia del Bacaldá "del doctor Ricardo Cosentino está escrito" A don Víctor, de 14 años, el héroe inesperado, le toca llevar a caballo a sus dos hermanos menores, Gerardo y Ricardo, hasta el puesto Santa Margarita de. Alfonso Chir, donde llegan al mediodía cuando estaba por almorzar la familia que posteriormente sería su hogar adoptivo. El señor Chir pensó que los tres hermanos Cosentino venían pues casualmente; en su casa el maestro Pedro Bourdin daba su primera clase en El Espinillo para los alumnos del lugar.
El escenario del crimen queda en silencio con los cadáveres de tres víctimas y dos victimarios, hasta que Víctor con tres personas más retornan al trágico lugar. Un señor de apellido Jiménez emprende a caballo el sendero que conducía a Laguna Blanca para participar a la autoridad policial el trágico hecho. Con la tutela de Alfonso Chir, de recordada memoria, los tres huérfanos hermanos tuvieron un hogar sustituto, donde los valores acunados y transmitidos los transformó en personas de bien, siendo Ricardo Cosentino el primer médico oriundo de El Espinillo que ejerció una recordada y humanitaria labor profesional en la ciudad de Formosa; Víctor, custodio vitalicio de su herencia familiar, dos veces presidente de la Comisión de Fomento (hoy Municipalidad de El Espinillo) y Gerardo, radicado en Clorinda".)

Volviendo a aquel día trágico,segun narrara uno de sus protagonistas el espectáculo era desgarrador: Sus seres queridos,todos muertos.

Mi padre tendido cerca de la tranquera... Mamá en el patio, cerca de la cocina; detrás del gallinero mi hermano Francisco –aún empuñaba la pistola- con horribles heridas... el bajo vientre deshecho por un certero escopetazo con un arma de muy grueso calibre... apenas a un par de metros Patricio Álvarez que había sido peón en estancias vecinas y a quien hacía como cinco años que no veía...

Después vino la policía, y con ella la investigación... Había rastros de sangre... Los siguieron... Al parecer el fugitivo herido se encontró con sus compañeros cerca del estero... y los rastros se perdían poco más adelante.

La policía continuó patrullando y tres días después, a unos cien metros de la casa, lo encontraron en una zanja. Estaba muerto; su cabeza apoyada en un cuchillo de cabo de hueso con una hoja de unos cuarenta centímetros.

Una bala le había perforado las costillas, pero aparentemente habría muerto desangrado por la herida de la pierna que estaba destrozada...

 Algunos lo conocían, yo no... Era conocido sólo como Camilo, no se sabía de su apellido... sí que había cometido crímenes en el Paraguay de donde habría fugado de prisión unos meses antes.

Sobre la ceja izquierda tenía una gran cicatriz en forma de cruz, muy rara, tal vez recuerdo de algún duelo criollo o, más probablemente, señalado por venganza en algún ajuste de cuentas.

Los asaltantes fueron cuatro. Dos de ellos murieron: Patricio Álvarez y Camilo... los otros dos escaparon, seguramente al Paraguay.( Posteriormente, se supo que los otros dos asesinos eran hermanos, de apellido Viedma, de Lambaré - Paraguay.)

Yo me quedé en el campo, a mis hermanos los llevaron parientes que vivían en la ciudad... Con el tiempo Ricardo se recibió de médico. Es el que voy a visitar ahora...

Muchos años después, yo ya era hombre grande, visitaba parientes en Asunción cuando un primo me dijo: ‘Querés conocer a uno de los que mataron a tus padres y a tu hermano?’

Le dije que sí... Tomamos un auto y dejamos el centro. Llegamos a un barrio muy pobre. Estacionamos el coche y caminamos entre ranchitos muy, muy pobres... Mi pariente le preguntó algo a un vecino... –Aquel es... le contestó. Y agregó –Es un viejito muy mala vuelta... ¡No habla con nadie!

Lo miramos desde cierta distancia...

La mañana estaba fresca y se había sentado al sol en un banquito muy bajo, junto a la puerta de su rancho. En una mano sostenía un trozo de madera o de cuero, no recuerdo bien; en la otra tenía un cuchillo con el que parecía estar trabajándolo... No nos vio o simplemente nos ignoró...

-Le falta un dedo, dijo mi pariente... –Vos o tu hermano, uno de los dos, se lo hizo volar de un tiro aquella vez.
Sin más comentarios regresamos al auto y a casa de mis familiares.”

La vista del “puente blanco” me volvió a la realidad. El conmovedor relato me había trasladado a Bacaldá y a octubre de 1.917... y durado unos 100 kilómetros!

Porque quien así hablaba era nada menos que Victor Florentino Cosentino, el mismo que con catorce años de edad mató a un delincuente y puso en fuga al resto de la banda que minutos antes había diezmado a su familia.

Para entonces don Víctor tenía muy disminuida la visión, razón por la que su hijo Blas, más conocido como “Toto”, enterado que yo me encontraba en El Espinillo (departamento Pilagás) cumpliendo con mis obligaciones de supervisor escolar, me había ubicado y solicitado que a mi regreso a la capital, acompañara a su padre que deseaba visitar familiares residentes en ella.
Un rato después “deposité” a don Víctor Florentino –héroe a los catorce años- en casa de su hermano el prestigioso médico Ricardo Cosentino.

El relato me fue hecho hacia 1.980 por el protagonista-héroe de la luctuosa jornada en que fue salvajemente eliminada la mitad de una familia de auténticos pioneros... Algo más de veinte años después Julio Alberto Ortiz me sorprendió con un –Sabés que encontré en el Archivo Histórico? -Si no me lo decís... -El expediente de la matanza de Bacaldá!
Estaba en el Archivo Histórico Provincial... Lo consulté días después y coincidía plenamente con el relato de don Víctor Florentino Cosentino.

Además de un sin fin de detalles obra en él un recorte del periódico “El Diario” de la ciudad de Asunción de fecha sábado 3 de noviembre de 1.917. En el mismo se transcribe un reportaje hecho a un preso de la cárcel de esa ciudad: Ireneo Vielma, detenido al no poder dar explicación satisfactoria a la reciente pérdida de un dedo de su mano izquierda.

Admitía su participación en el asalto, pero se declaraba inocente porque tanto él como su primo Ildefonso Vielma (fugado al Brasil cuando detuvieron a Ireneo) fueron contratados para cazar ciervos y con engaños llevados a participar involuntariamente del asalto a Bacaldá.

El pedido de extradición interpuesto por las autoridades argentinas no prosperó: Ireneo fue liberado tiempo después y de Idelfonso ¡nunca más se tuvieron noticias .(Fuente libro" La Tragedia del Bacaldá "del doctor Ricardo Cosentino y textos de Rolando José López,sobre un relato sobre esa trágica jornada del heroe adolescente Víctor Florentino Cosentino )

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